jueves, 31 de julio de 2014

Cosas que nos dejó "La Negra Sosa"/9

Violeta Parra compuso esta maravillosa canción. Élla le dió las gracias a la vida y se fue.
Mercedes Sosa, que no daba puntada sin hilo, en el 71 le dedicó un disco homenaje, entre los temas que grabó, éste no podía faltar.


lunes, 28 de julio de 2014

Las décimas en la canción/ 10

Las décimas de pie forzado se remontan al menos al siglo XVI y pertenece a la corriente más popular de la espinela, su origen es dudoso, hay quien dice que nace en paises iberoamericanos como Chile o Perú, pero es tradicional en el trovo murciano y en la improvisación en Canarias, Andalucía y Extremadura, por lo que se puede suponer que llega con los marineros españoles.
En la décima de pie forzado escrita, suelen comenzar la pieza con una estrofa de cuatro versos, y cada uno de éstos, serán los versos finales de cada décima.
La décima de pie forzado cantada se utiliza basicamente en los espectáculos populares de repentistas o troveros, generalmente se pide al público un verso octosílavo, y el repentista tendrá que construir la décima con ingenio y sentido terminándola con este verso.
Pongamos un ejemplo.

sábado, 26 de julio de 2014

Una cosa lleva a la otra...



Me llamó mi amigo Manolo pidiéndome una chapucilla y yo encantado fui a verle, a medir y esas cosas.
Y como una cosa lleva a la otra, me propone probar una de las tortillas de patata que había hecho para cenar. A cosas como esa yo nunca digo que no, abrió una botella de Ramón Bilbao y lo presentó todo en la mesa del porche.
Y como una cosa lleva a la otra, cogí una de las guitarras de su hijo y me entretuve cantando algunas viejas canciones entre pinchito y sorbito.
A la reunión se sumó su hijo mayor que mostró sorpresa ante una de las canciones que canté- ¿de dónde has sacado esa canción?- preguntó.
Es de Patxi Andión le respondió su padre, ¿no la conoces? Es muy vieja.
Se titula “Con toda la mar detrás” yo la canto muy mal, le confesé, nunca me la aprendí bien y le pongo palabras que no lleva, la colgaré en el blog para que la escuches como es.
Un par de días después me puse a la tarea buscando en YouTube.
Y como una cosa lleva a la otra, di con el video que buscaba y con otro video de una entrevista que le hacen en 2013 en la televisión… (En la televisión argentina, claro) donde le someten a preguntas del público. Una joven estudiante le pregunta sobre las redes sociales como herramienta para transformar la sociedad, y Andión en su respuesta menciona a Manuel Castells y un librito pequeñito que había publicado recientemente.
Y como una cosa lleva a la otra, me pongo a investigar y encuentro que Castells había publicado en 2012 un libro titulado: “Redes de Indignación y Esperanza”, que creo es el libro al que se refiere Andión.
El caso es que he empezado a leerlo y me parece un buen trabajo, os lo recomiendo.


miércoles, 23 de julio de 2014

Fábulas de Esopo-11. El asno y los saltamontes

Un asno que habiendo oído el gorjeo de los saltamontes, quedó muy encantado; y deseando poseer los mismos encantos de su melodía, les preguntó con que clase de alimento ellos vivían para  darles voces tan hermosas. 
Ellos contestaron,

-Con el rocío.-

El Asno resolvió que él viviría sólo con el rocío, y al cabo de poco tiempo murió de hambre.

No hagas lo que los otros hacen o dicen, si no está  dentro de tus capacidades el hacerlo.

lunes, 14 de julio de 2014

"Las horcas se acercan...a por nosotros los plutócratas"



Por Nick Hanauer

A: Mis colegas muchimillonarios.

Probablemente no me conozcáis, pero como vosotros soy uno más de ese 0,01%, un orgulloso capitalista que no se arrepiente de serlo. He fundado, co-fundado y financiado más de treinta compañías de toda una variedad de industrias, desde las pequeñitas como el club nocturno que abrí a los veinte a gigantes como Amazon.com, de la cual fui el primer inversor fuera de la familia del dueño. Entonces fundé aQuantive, una compañía de anuncios en internet que fue vendida a Microsoft en 2007 por 6.400 millones de dólares. En efectivo. Os cuento todo esto para demostraros que en muchos sentidos no soy diferente de vosotros. Como vosotros, tengo una amplia perspectiva sobre los negocios y el capitalismo. Y al igual que vosotros, he sido recompensado obscenamente por mi éxito, con una vida que el otro 99,99% de los americanos no puede ni imaginarse. Múltiples casas, mi propio avión, etcétera, etcétera. Sabéis de lo que hablo. En 1992, estaba vendiendo almohadas hechas por mi empresa familiar, Pacific Coast Feather Co., a minoristas de todo el país, e internet era una torpe novedad a la que uno se enganchaba con un fuerte graznido a 300 baudios. Pero vi muy rápido, ya entonces, que muchos de mis clientes, las grandes cadenas de almacenes, ya estaban condenados. Supe que tan pronto como internet se volviese lo bastante rápido y fiable (y no faltaba mucho para eso), la gente compraría online como loca. Adiós, Caldor. Y Filene's. Y Borders. Y así sucesivamente.

Darme cuenta de eso, viendo por encima del horizonte un poco más lejos que el que estaba a mi lado, fue la parte estratégica de mi éxito. La parte afortunada fue que tenía dos amigos, ambos muy dotados, que también vieron un montón de potencial en la web. Uno era un tipo del que probablemente jamás habréis oído hablar llamado Jeff Tauber, y el otro era un colega llamado Jeff Bezos. Estaba tan excitado por el potencial de la web que le dije a ambos Jeffs que quería invertir en cualquier cosa que lanzaran, a lo grande. Ocurrió que el segundo Jeff, Bezos, me llamó el primero para aprovechar mi oferta de inversión. Así que le ayudé a asegurar su diminuta e incipiente librería. El otro Jeff empezó una gran tienda online llamada Cybershop, pero en un momento en el que la confianza en las ventas por internet aún era escasa, era demasiado pronto para su lujosa idea: la gente aún no estaba lista para comprar productos caros sin comprobarlos en persona (a diferencia de un lujo básico como los libros, que no varían en calidad, algo que supo ver muy bien Bezos). Cybershop no lo logró, como tantos otros fiascos punto-com. Amazon lo hizo algo mejor. Ahora tengo un yate muy grande.

Pero hablemos con franqueza. Yo no soy el tipo más listo que conoceréis, ni el más trabajador. Yo era un estudiante mediocre. No soy técnico en absoluto: no sé escribir ni una palabra de código. Lo que me distingue, creo yo, es una tolerancia al riesgo y una intuición de lo que ocurrirá en el futuro. Ver a dónde las cosas se dirigen es la esencia de ser emprendedor. ¿Y qué veo en nuestro futuro ahora?

Veo horcas.

Al mismo tiempo que gente como vosotros y yo están medrando más allá de los sueños de cualquier plutócrata de la historia, el resto del país (el 99,99%) se está quedando muy atrás. La división entre los que tienen y los que no se está agravando muy, muy deprisa. En 1980, el 1% superior controlaba un 8% de la renta nacional de EE.UU. El 50% inferior compartía un 18%. Hoy el 1% tiene el 20%, y el 50%, solo el 12%.

Pero el problema no es que tengamos desigualdad. La desigualdad es intrínseca en cualquier economía capitalista de alto rendimiento. El problema es que la desigualdad está a niveles históricamente altos y está empeorando cada día. Nuestro país se está dejando rápidamente de ser una sociedad capitalista y pasando a ser una sociedad feudal. A menos que nuestra política cambie dramáticamente, la clase media desaparecerá, y volveremos a la Francia de finales del s. XVIII. Antes de la revolución.

Así que tengo un mensaje para mis colegas asquerosamente ricos, para todos nosotros que vivimos en nuestras burbujas valladas: despertad, gente. No durará.

Si no hacemos nada para arreglar las patentes injusticias en esta economía, las horcas vendrán a por nosotros. Ninguna sociedad puede mantener este tipo de creciente desigualdad. De hecho, no hay ningún ejemplo en la historia humana en el que la riqueza se acumulase de este modo y las horcas no acabasen por salir a la luz. Me mostráis una sociedad altamente desigual, y yo os mostraré un Estado policial. O un alzamiento. No hay contra-ejemplos. Ninguno. No es "si", es "cuando".

Muchos de nosotros pensamos que somos especiales porque "esto es América". Creemos que somos inmunes a las mismas fuerzas que empezaron la Primavera Árabe; o las revoluciones francesa y rusa, mismo da. Sé que los miembros del 0,01% soléis desestimar este tipo de argumentos: muchos de vosotros me habéis dicho a la cara que estoy completamente chalado. Y sí, sé que hay muchos de vosotros que estáis convencidos de que porque visteis a un niño pobre con un iPhone una vez, la desigualdad es una ficción.

Esto es lo que os digo: vivís en un mundo de fantasía. Lo que todo el mundo quiere creer es que cuando las cosas alcancen un punto de inflexión y pasen de ser simplemente desagradables para las masas a peligrosas y socialmente desestabilizadoras, nosotros veremos venir ese cambio con tiempo. Cualquier estudiante de Historia sabe que eso no es lo que ocurre. Las revoluciones, como las bancarrotas, llegan gradualmente, y actúan repentinamente. Un día, alguien se pega fuego, y entonces miles de personas salen a la calle, y antes de que te des cuenta, el país está en llamas. Y entonces nosotros no tendremos tiempo para llegar al aeropuerto y saltar a nuestros Gulfstream V y volar a Nueva Zelanda. Eso es lo que siempre ocurre. Si la desigualdad sigue aumentando como lo ha hecho hasta ahora, al final ocurrirá. No seremos capaces de predecir cuándo, y será terrible, para todos. Pero especialmente para nosotros.

Lo más irónico de la creciente desigualdad es lo completamente innecesaria y contraproducente que es. Si hacemos algo contra ella, si ajustamos nuestras políticas de la forma en que, por ejemplo, lo hizo Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresión, para ayudar al 99% y anticiparnos a los revolucionarios y los locos, los que tienen las horcas, eso será lo mejor para nosotros los ricos también. No es solo que escaparemos con vida, es que seguramente nos hagamos aún más ricos.

El modelo a seguir para nosotros los ricos en este caso debería ser Henry Ford, quien se dio cuenta que todos sus trabajadores de Michigan no eran solo mano de obra barata a explotar, sino también clientes. Ford imaginó que si les subía el sueldo a unos entonces exorbitantes 5 dólares al día, serían capaces de comprar sus Ford T.

Qué gran idea. Mi sugerencia es esta: hágamoslo otra vez. Tenemos que intentar algo. Esta estúpida "teoría del chorreo" (NdT: La "teoría del chorreo" preconiza que hay que dar toda clase de privilegios y favores a los más ricos, haciéndolos aun más ricos, para que en el futuro algo de su riqueza les chorree a los más pobres) están destruyendo mi clientela. Y la vuestra también.

Cuando me di cuenta de esto decidí que tenía que dejar mi mundo aislado de los super-ricos y meterme en política. No directamente, presentándome a un alto cargo o convirtiéndome en uno de los ricachones milmillonarios que respaldan a los candidatos en una elección. En vez de eso, quería intentar cambiar la conversación con ideas, promoviendo lo que mi co-autor, Eric Liu, y yo llamamos economía "middle-out". Es la tan atrasada refutación contra la teoría del chorreo que se ha convertido en la ortodoxia económica de ambos partidos, y que tanto ha amargado a la clase media americana y en general a toda nuestra economía. La economía middle-out rechaza el viejo error de creer que una economía es un sistema mecánico perfectamente eficiente, y asume la idea mucho más precisa de que una economía es un complejo ecosistema formado por personas reales que dependen unas de otras.

Por eso la ley fundamental del capitalismo debe ser que si los trabajadores tienen más dinero, los negocios tienen más clientes. Lo que convierte a los consumidores de clase media, y no a los ricos hombres de negocios como nosotros, en los auténticos generadores de empleo. Lo que a su vez significa que una clase media floreciente es la fuente de la prosperidad americana, no una consecuencia de ella. La clase media nos crea a los ricos, no al revés.

El 19 de junio de 2013, Bloomberg publicó un artículo escrito por mí titulado "El argumento de un capitalista a favor de un sueldo mínimo de 15 $". Forbes lo presentó como "la propuesta casi enloquecida de Nick Hanauer". Y aun así, apenas unas semanas después de su publicación, mi amigo David Rolf, un organizador de la Unión Internacional de Empleados en Servicios, instigó a los trabajadores de los restaurantes de comida rápida a ponerse en huelga por todo el país pidiendo un salario mínimo de 15 dólares. Casi un año después, la ciudad de Seattle aprobó un sueldo mínimo de 15 dólares. Y solo 350 días después de que mi artículo fuese publicado, el alcalde Ed Murray de Seattle firmó esa ordenanza convirtiéndola en ley. ¿Cómo pudo ocurrir esto, os preguntaréis?

Ocurrió porque le recordamos a las masas que ellas son la fuente del crecimiento y la prosperidad, no nosotros los tipos ricos. Les recordamos que cuando los trabajadores tienen más dinero, los negocios tienen más clientes, y necesitan más empleados. Les recordamos que si los negocios pagasen a sus trabajadores un sueldo mínimo decente en lugar de una miseria, los contribuyentes no tendrían que compensar la diferencia. Y cuando acabamos, el 74% de los posibles votantes de Seattle afirmaron en una encuesta reciente que un salario mínimo de 15 dólares era una idea genial.

La respuesta estándar en el debate sobre el salario mínimo, presentada por los republicanos, sus patrocinadores y un montón de demócratas también, es que aumentar el sueldo cuesta puestos de trabajo. Los negocios no podrán permitirse tener tantos trabajadores. Este argumento refleja la economía ortodoxa que aprendió la mayoría de la gente en la universidad. Si te apuntabas a clase de economía, te enseñaban literalmente que si los sueldos suben, el empleo debe bajar. La ley de la oferta y la demanda y todo eso. Por eso tenemos a John Boehner y a otros republicanos insistiendo en el Congreso que si haces más caro contratar, habrá menos contratos. ¿En serio?

Porque aquí hay algo que no cuadra. Durante las tres últimas décadas, la compensación para los directores ejecutivos creció 127 veces más rápido que para los trabajadores. Desde 1950, la proporción de sueldos entre directores y trabajadores ha aumentado un 1000%, y no hay errores tipográficos ahí. Los directores solían ganar treinta veces lo que el trabajador medio; ahora se llevan 500 veces más. Pero ninguna compañía que yo conozca ha eliminado a sus principales dirigentes, o los ha subcontratado en China, o automatizado sus trabajos. Al contrario, ahora tenemos más directores y ejecutivos superiores que nunca antes. Y lo mismo ocurre también con los trabajadores de servicios financieros y tecnológicos. Estos tipos ganan múltiplos del salario medio, pero de alguna forma cada vez tenemos más.

Lo que nos pasa a los hombres de negocios es que nos gusta que nuestros clientes sean ricos y nuestros empleados pobres. Así que desde que existe el capitalismo, los capitalistas han dicho lo mismo sobre cualquier esfuerzo por subir los salarios. Hemos tenido 75 años de quejas de grandes empresas: cuando se creó el salario mínimo, cuando las mujeres tuvieron que recibir pagas igualitarias, cuando se hicieron leyes sobre el trabajo infantil. Cada una de esas veces los capitalistas han dicho exactamente lo mismo de la misma forma: Todos caeremos en la bancarrota. Tendré que cerrar. Tendré que despedir a todos. No ha ocurrido así. De hecho, los datos demuestran que cuando los trabajadores son mejor tratados, los negocios van mejor. Los detractores simplemente se equivocan.

La mayoría de vosotros (NdT: los americanos, se entiende) creéis seguramente que un salario mínimo de 15 dólares en Seattle es un alejamiento descerebrado de la política racional que pone nuestra economía en grave riesgo. Pero en Seattle, nuestro salario mínimo actual de 9,32 dólares ya es de por sí casi un 30% superior al salario mínimo federal. ¿Y ha arruinado nuestra economía hasta ahora? Bueno, "chorreadores", mirad estos datos: Las dos ciudades del país con la mayor tasa de crecimiento de empleo en PyMEs son San Francisco y Seattle. ¿Qué ciudades tienen el salario mínimo más alto? San Francisco y Seattle. ¿Cuál es la gran ciudad que más rápido crece en América? Seattle. Quince dólares no es una política arriesgada e inaudita para nosotros. Es redoblar la estrategia que ya permite a nuestra ciudad darle a las vuestras para el pelo.

Tiene todo el sentido si os paráis a pensarlo: Si un trabajador gana 7,25 $ a la hora, que es el salario mínimo nacional actual, ¿qué proporción de los ingresos de esa persona creéis que acaba en las cajas registradoras de los pequeños negocios locales? Casi ninguna. Esa persona paga el alquiler, en el mejor de los casos sale a comprar verduras básicas en Safeway, y, si tiene mucha suerte, tiene un bonobus. Pero no sale a comer en restaurantes. No mira escaparates en busca de ropa nueva. No compra flores el Día de la Madre.

¿Es esta cuestión más complicada que lo que digo? Por supuesto. ¿Hay muchos factores en juego determinando la dinámica del empleo? Síp. Pero por favor, parad de insistir en que si pagamos más a los trabajadores el desempleo se disparará y destruirá la economía. Es una tontería absoluta. Lo más insidioso de la teoría del chorreo no es creer que si los ricos se enriquecen es bueno para la economía. Es creer que si los pobres se enriquecen, es malo para la economía.

Sé que prácticamente todos vosotros creéis que animar a nuestras empresas a pagar más a nuestros trabajadores es en cierto modo injusto, o que supone demasiada interferencia gubernamental. La mayoría de vosotros creéis que deberíamos simplemente dejar que ejemplos como Costco o Gap muestren el camino. O que el mercado fije el precio. Pero ahí está la cosa. Cuando aquellos que fijan malos ejemplos, como los propietarios de Wal-Mart o McDonald's, pagan a sus trabajadores casi el sueldo mínimo, lo que en realidad están diciendo es que les pagarían incluso menos si no fuese ilegal (afortunadamente, ambas compañías han dicho recientemente que no se opondrían a una subida en el salario mínimo). En cualquier grupo grande, algunas personas no harán en absoluto lo correcto. Por eso nuestra economía solo puede ser segura y efectiva si es gobernada por el mismo tipo de reglas que, por ejemplo, el sistema de transportes, con sus límites de velocidad y sus señales de stop.

Wal-Mart es la empresa con más trabajadores de nuestra nación, con unos 1,4 millones de empleados en los EE.UU. y más de 25.000 millones de beneficios brutos. Entonces, ¿por qué los empleados de Wal-Mart son el mayor grupo de receptores de ayudas médicas en muchos estados? Wal-Mart podría, digamos, pagar a cada uno del millón de sus trabajadores peor asalariados 10.000 dólares más al año, sacarlos de la pobreza y hacerles capaces de, entre todas las cosas, permitirse comprar cosas en Wal-Mart. No solo nos ahorraría esto todo el gasto de los sellos de comida, las ayudas médicas y las asistencias para el alquiler que necesitan actualmente, sino que Wal-Mart seguiría ganando más de 15.000 millones de dólares brutos cada año. Wal-Mart no se presentará voluntaria para pagar a sus trabajadores un sueldo mayor que el de sus competidores, ni tampoco debería. A fin de que tengamos una economía que funcione para todos, deberíamos obligar a todos los minoristas a pagar salarios mínimos decentes, no solo pedírselo amablemente.

Nosotros los ricos hemos sido falsamente convencidos por nuestra educación y por la afirmación de la sociedad, y nos hemos autoconvencido, de que somos los principales generadores de empleo. Simplemente no es verdad. Nunca podrá haber suficientes americanos super-ricos para alimentar a una gran economía. Gano como mil veces más que el americano medio cada año, pero no me compro mil veces más cosas. Mi familia se compró tres coches en los últimos años, no 3000. Compro unos pocos pantalones y unas pocas camisas cada año, igual que la mayoría de hombres americanos. Compré dos elegantes pantalones de lana, uno de los cuales llevo puesto mientras escribo esto, a los que mi compañero llama "pantalones de manager". Supongo que podría haber comprado mil. ¿Pero por qué iba a hacerlo? En vez de eso, puse mi dinero sobrante en la cuenta de ahorro, donde no hace mucho por el país.

Así que olvidad toda esa retórica de que América es grande por gente como vosotros, yo y Steve Jobs. Sabéis la verdad incluso si no la admitís: si cualquiera de nosotros hubiera nacido en Somalia o el Congo, todo lo que llegaríamos a ser sería tipos descalzos colocados junto a una carretera de tierra para vender fruta. No es que Somalia o el Congo no tengan buenos emprendedores. Es solo que los mejores están vendiendo sus productos en cajas junto a la carretera porque eso es todo lo que sus consumidores pueden permitirse.

Así que, ¿por qué no hablar de un tipo distinto de New Deal para el pueblo americano, uno que pudiera atraer a la derecha tanto como a la izquierda, a los libertarios igual que a los liberales? Primero, pediría a mis amigos republicanos que fuesen realistas sobre lo de reducir el tamaño del gobierno. Sí, sí y sí, tenéis toda la razón: el gobierno federal es demasiado grande en algunos aspectos. Pero de ningún modo podéis recortar sustancialmente al gobierno, no tal y como están las cosas ahora. Ronald Reagan y George W. Bush tuvieron ambos ocho años para hacerlo, y fracasaron miserablemente. 

Los republicanos y demócratas del Congreso no pueden encoger el gobierno con ilusiones. La única forma de podar el gobierno de verdad es volver a los principios económicos básicos: tenéis que reducir la demanda del gobierno. Si la gente gana quince dólares la hora o más, no necesitan sellos de comida. No necesitan apoyos para pagar el alquiler. No necesitan que vosotros y yo paguemos su asistencia médica. Si la clase media consumidora vuelve a comprar y salir de tiendas, entonces es lógico no necesitar un Estado del bienestar tan grande. Y al mismo tiempo, los impuestos sobre la renta y las ventas crecerían, reduciendo el déficit.

Esto es, en otras palabras, un enfoque económico que puede unir a la izquierda y a la derecha. Quizás esa sea una razón por la que la derecha está empezando, inexorablemente, a descubrir esta realidad también. Incluso republicanos tan diversos como Mitt Romney y Rick Santorum salieron recientemente a defender un aumento del salario mínimo, desafiando a los congresistas republicanos.

Una cosa en la que podemos estar de acuerdo, estoy seguro, es en que el cambio no va a empezar en Washington. El pensamiento está estancado, las discusiones incluso más. En ambos bandos.

Pero desde mi punto de vista, no hay problema con eso. La mayoría de grandes movimientos sociales tuvieron sus primeras victorias a nivel municipal y estatal. La lucha por la jornada laboral de ocho horas, que acabó en Washington DC en 1938 comenzó en sitios como Illinois y Massachussetts a finales del s. XIX. El movimiento por la seguridad social empezó en California en los años treinta. Incluso la Ley de Sanidad Asequible (u Obamacare) habrían sido difíciles de imaginar sin el modelo de Mitt Romney en Massachussetts abriendo el camino.

Tristemente, ningún republicano y muy pocos demócratas comprenden esto. El presidente Obama parece que tampoco, aunque va bien encaminado. En su discurso del estado de la nación de este año, mencionó la necesidad de un sueldo mínimo más alto, pero no llegó a argumentar que una menor desigualdad y una clase media renovada resultarían en un crecimiento económico más rápido. En vez de eso, los razonamientos que oímos de la mayoría de demócratas son las mismas viejas reclamaciones de justicia social. La única razón para ayudar a los trabajadores es porque nos dan pena. Estos argumentos de justicia alimentan el estereotipo de que Obama y los demócratas son unos sensibleros. Los republicanos dicen crecimiento. Los demócratas dicen justicia, y pierden todas las veces.

Pero solo porque los dos partidos de Washington aún no se hayan dado cuenta no significa que nosotros los ricos podamos seguir igual. La conversación ya está cambiando, incluso sin la intervención de los multimillonarios. Sé lo que pensáis: Creéis que Occupy Wall Street y todos los demás protestantes que decían "el capitalismo es el problema" han desaparecido sin dejar rastro. Pero eso no es verdad. Por supuesto, es difícil convencer a la gente de que duerma en un parque por la causa de la justicia social. Pero las protestas tras la crisis financiera de 2008 sí que ayudaron a cambiar el debate en este país del techo de deuda y los "comités de la muerte" (NdT: Término inventado por Sarah Palin en 2009 para referirse a grupos de burócratas que decidirían qué americanos serían "dignos de atención médica" en caso de aprobarse la legislación para atender a aquellos sin seguro médico) a la desigualdad.

Lo que pasa es que muchos de vosotros los plutócratas no captasteis el mensaje.

Queridos miembros del 0,01%, muchos ciudadanos están empezando a creer que el capitalismo en sí es el problema. Yo no estoy de acuerdo, y estoy seguro de que vosotros tampoco. El capitalismo, cuando se maneja bien, es la mejor tecnología social jamás inventada para crear prosperidad en las sociedades humanas. Pero el capitalismo sin control tiende hacia la concentración y el colapso. Puede ser dirigido a beneficiar a unos pocos a corto plazo o a muchos a largo plazo. El trabajo de las democracias es ponerlo al servicio de la mayoría. Por eso las inversiones en la clase media funcionan. Y las reducciones de impuestos para los ricos como nosotros no. Equilibrar el poder de los trabajadores y los multimillonarios aumentando el salario mínimo no es malo para el capitalismo. Es una herramienta indispensable que los capitalistas inteligentes usan para hacer estable y sostenible al sistema. Y nadie tiene más en juego en ello que nosotros los muchimillonarios.

El conflicto más antiguo e importante de las sociedades humanas es la batalla por la concentración de riqueza y poder. Los tipos como nosotros, que estamos en la cima, le decimos a los que están abajo que nuestras respectivas posiciones son justas y buenas para todos. Antiguamente se llamaba a eso "derecho divino". Hoy día tenemos la "teoría del chorreo".

Qué tontería. ¿De verdad soy un ser superior? ¿Debo estar en el centro de la moral así como en el del universo económico? ¿Y vosotros?

Mi familia, los Hanauers, empezaron en Alemania vendiendo plumas y almohadas. Fueron echados de Alemania por Hitler y acabaron en Seattle montando otra compañía de almohadas. Tres generaciones después, me beneficié de eso. Entonces tuve toda la suerte que una persona podía tener en la era de internet al tener un colega en Seattle llamado Bezos. Yo miro al tío común de la calle y me digo, "Solo por la gracia de Jeff no soy otro más". Incluso los mejores de nosotros, en las peores circunstancias, están descalzos vendiendo fruta de pie junto a un camino de tierra. Nunca deberíamos olvidar eso, ni que los Estados Unidos de América y su clase media nos hicieron a nosotros, más que al contrario.

O podríamos sentarnos, no hacer nada, disfrutar de nuestros yates. Y esperar a las horcas.

lunes, 7 de julio de 2014

Las décimas en la canción/ 9

Estas décimas son imperdibles.


 
Décimas con aguarrás

(Javier Krahe)

Fresco soy cual agua fresca,
claro soy cual agua clara
y a veces soy turbio cual
agua turbia
y a veces soy nada
cual aguacero
y otras veces soy ras
como el aguarrás.

¿Qué nos traerá el futuro?
Anuncia desolación,
desolación y pan duro.

Canturreaba un suicida
camino de la estación
la tristísima canción
de su idea de la vida.
Aquí va mi despedida,
decía, mundo traidor,
nada es según el color
del cristal con que se mira
sino que es mucho peor
y este menda se las pira.

Yo siempre me peino a raya
Y la que venga que venga
y la que no que se vaya.

Cuentan que un amante un día
tan pobre y mísero estaba
que sólo lo acariciaba
una novia que aún tenía.
¿Habrá otro, se decía,
aún más mísero que yo?
Y cuando el rostro volvió
halló la respuesta viendo
a otro amante seduciendo
a esa novia. Y sollozó.

Yo es que me crispo
con el obispo
ése de Roma
¿por quién se toma?

Con un tizón en la boca
ardiente voy por la vida
tirando cuando me toca
en el juego de la oca
y, al final de la partida
y aún humeante el tizón
caerá mi cuerpo al suelo
y mi alma en la visión
de Dios fumando en el cielo

unos puros del copón. 

domingo, 6 de julio de 2014

Fábulas de Esopo-10. La zorra y el mono coronado rey

En una junta de animales, bailó tan bonito el mono, que ganándose la simpatía de los espectadores, fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de comida en un cepo y llevó allí al mono, diciéndole que había encontrado un tesoro digno  de reyes, pero que en lugar de tomarlo para llevárselo a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo cogiera, ya que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexion, y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de tenderle aquella trampa, repuso:
-- ¡ Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes  reinar entre todos los animales !

Nunca te lances a una empresa, si antes no has reflexionado sobre sus posibles éxitos o peligros.

viernes, 4 de julio de 2014

Cosas que nos dejó "La Negra Sosa"/8

"La Villerita" es una canción de Horacio Guarany, inspirada en las villas o zonas de chabolas donde malviven jóvenes, empujadas a la prostitución como una de las pocas salidas al hambre y la miseria.
En la letra de esta canción se hace referencia a la hipocresía del juez que impone penas por el artículo ocho cuarenta del codigo penal argentino, para posteriormente utilizar sus servicios por unos pocos pesos.
En esta portada del single "Si se calla el cantor" de 1973 vemos a Mercedes y Horacio sonrientes, su amistad venía de lejos.


 

 La villerita, rancho de lata,
cartón y chapa, pinta sus labios,

peina su pelo, rubio dorado
recién teñido, que ayer fue negro.

Tacos de engaño, escasos años
los diecisiete recién cumplidos.
Vuela del nido, la abuela cuida
duerma tranquilo mi dulce niño...
Vuela vuela soñando tener un día
como todas la dicha tan merecida,
esa, que en las revistas le dan envidia,
mala semilla, bala perdida...

Vuelan, vuelan bien alto sus ambiciones,
sueña hallarle a su vida las soluciones
desterrar la miseria de sus rincones
techo y cobijo sin privaciones...

Te vi desnuda, tu cuerpo helado
desvergonzado bajo el tapado.
y enamorado por dos centavos
el mismo juez que te ha condenado.

Supermercado, venta de besos
placer y goces por unos pesos
veinte ventanas, antes del puente,
muy poca luz Panamericana...

Vuela vuela bien alto que no te alcancen,
vuela que no te alcancen buitres de barro,
esos que solamente tiran el carro,
ocho cuarenta hay que borrarlos!

Vuela vuela bien alto paloma herida
vuela vuela si quieres cambiar de vida,
vuela antes que la noche cubra tus días
paloma mía! paloma herida!

Vuela vuela bien alto que no te alcancen,
vuela que no te alcancen buitres de barro,
esos que solamente tiran el carro,
ocho cuarenta hay que borrarlos!
paloma mía! paloma herida!
mi villerita! paloma mía!