martes, 25 de febrero de 2014

Tengo que dejar la bebida


Tengo que dejar la bebida, ayer en la taberna me ocurrió algo difícil de explicar, fui al servicio algo perjudicado y al salir, mis pasos iban hacia atrás, cuando yo quería ir hacia adelante, el caso es que mi espalda golpeó la puerta del almacenillo y se abrió, caí sobre unas cajas de botellas de vino y me quedé allí sin poder levantarme, creo que me dormí… o me desmayé, no sé, lo cierto es que cuando pude moverme habían cerrado la taberna y me habían dejado dentro.
Yo creí que estaba abierto porque oía voces; a gatas con mucha dificultad recorrí el oscuro pasillo hasta la esquina donde estaba la máquina tragaperras y tumbado a la larga, acerté a vislumbrar la barra al fondo, entonces me quedé estupefacto. ¿Será esto un delírium trémens de esos que dicen? ¿Lo habré soñado? ¿Ocurrió de verdad?
La luz cenital que iluminaba con cuatro focos la barra y las luces de colores que proyectaba la máquina tragaperras era toda la luz que había, el resto era penumbra. Pero precisamente allí, sobre la barra iluminada, como si de una obra de teatro se tratara, se había organizado lo que parecía ser una rueda de prensa.
Una botella Pingus 2000 tras un servilletero plateado, manoseaba los gemelos de oro de las mangas de su camisa que sobresalían del impecable traje oscuro, mostrando un nerviosismo mal disimulado.
Tras la pletina de bronce que unía los mármoles de la barra se amontonaban vasos de tubo, copas de vino, vasos de chiquito y tazas que, con micrófonos y bolígrafos, pedían la palabra.
-¡Señor Pingus, Señor Pingus! ¿Qué nos puede decir del caso “sacacorchos”?
- ¡A ver! ¡Primero pónganse ustedes de acuerdo, porque yo no puedo contestarles a todos a la vez! ¡Usted, pregunte usted!
- Don Pingus, con la mano en el corazón, ¿Cómo puede soportar esta presión mediática al que le tienen sometido los medios de comunicación traidores y terroristas?
Buuu, jooooer, ya está la copa alta de siempre… y comentarios así, se dejaban oír entre la turba de vasos y copas.
-Me alegro de que me haga esta pregunta, estamos sometidos a la mayor presión que jamás ha soportado nadie, nos encontramos ante una persecución sistemática y destructiva sin parangón, esos mezquinos vasillos de chiquitos, incluso, mire usted, algunas jarras de cerveza, sí, me ha oído usted bien, ja…rras… de… cer…ve…za, se lanzan a descalificar a los caldos más exclusivos con una absoluta falta de ética y sentido de taberna que nunca ha visto la historia. Todo y digo todo, aquello, de lo que nos acusan, es absolutamente falso, fruto de una manifiesta maquinación manipuladora y burda, salvo algunas cosas, que tal. Y si no hay más preguntas…
-¡Pero oiga! ¡Qué nosotros queremos saber si el señor de la Vega y Sicilia piensa devolver el sacacorchos!
-¡Usted no tiene la palabra! ¡Ya sabemos quién es usted! ¡Usted es un esbirro de las botellas de cerveza! Bueno… botellas de cerveza, ¡¡¡botellines de cerveza!!!, sí, me ha oído usted bien, ¡botellines de cerveza! que es la definición adecuada, y la que se merecen. Porque en primer lugar, usted debería saber que la presunción de inocencia es la base fundamental de una justicia democrática. En segundo lugar, la independencia del consejo del tribunal de las cubas es otro de los principios fundamentales del estado de tabernas, y en tercer lugar… pues eso… que nadie es inocente mientras se demuestre que... tal. Bueno, me van a disculpar, pero yo soy un hombre muy ocupado…
-      ¡Por favor Don Pingus, díganos algo del asunto que nos ha traído aquí!
-      A usted no le conozco ¿de qué taberna es usted?
-      De la taberna de enfrente, ¿Nos podría aclarar alguna cosa de este oscuro caso del sacacorchos en el que parece estar implicado el Señor de la Vega y Sicilia?
-      Al señor de la Vega y Sicilia le honra su generosidad y sentido de taberna al haber presentado su dimisión. Mi absoluta convicción en su inocencia y la tristeza que me embarga, al saber que no vamos a verle nunca más el pelo, es lo único que puedo destacar.
-Pero el sacacorchos sigue sin aparecer…
-¡¡¡ Nadie!!! ¡¡¡Óiganme bien, absolutamente nadie!!! está libre de la corrupción, yo mismo, un fiel servidor público de la taberna, por pura vocación de servicio altruista y desprendida, me dan a veces unos ataques de corrupción, que me tiro a por los ceniceros que… pero me contengo, a veces… y tal...
A rastras volví al almacenillo, me escondí en un rincón hecho un ovillo a esperar que abrieran por la mañana sin poder pegar un ojo y con un solo pensamiento en mi cabeza: Tengo que dejar la bebida.

  Hechos Vividos Maldigo mi mala memoria, porque yo tendría que recordar su nombre, porque lo supe, y le llamé muchas veces por el, per...