La
última vez que fallecí salí flotando hasta una nube.
Jamás
creerás las cosas extrañas que puede haber en aquellas gotas de
humedad, de aquel mar de niebla.
Paré
en aquella gota porque me llamó la atención los llantos desaforados
de una joven bellísima.
-¡Me
lo quiero follarrrr!. -Gritaba desesperada-. ¡Me lo quiero
follarrrr!
Este
tipo de mensajes suele llamar la atención a cualquiera. Incluso a mí
que hacía mucho tiempo había olvidado todo lo relacionado con el
sexo.
-¡Pobres
desgraciados!. -Se lamentaba tras de mí un tipo sin nariz-. Se ha
contaminado. Me voy al desfile, no me lo perdería por nada. -dijo-.
Y salió expulsado hacia arriba.
-¿Vaya
día de calor, no le parece?. -Dijo un viejo junto a mi rodilla
izquierda-.
-No
sé. No tengo cuerpo.
-¡Oh
No!. ¡Otro extranjero!.
¡Por
qué no os quedáis en vuestra puta casa!. ¡Muertos de mierda!
Levantó
su cachaba e intentó golpearme en la entrepierna.
Instintivamente
traté de esquivar el golpe pero me dió igual, el palo me atravesó
como se atraviesa el humo.
-¡Ja!
Te jodes Herodes…
-¡Inmigrantes
de mierda! -El viejo colorado como un tomate tiraba palos a lo
tonto-.
Pasé
de él y me quedé mirando como el escote de la joven subía y bajaba
con los suspiros de deseo incontenible.
-¿Oiga…
me podría usted decir para qué sirve un poeta?
-Deje
de tirarme de la manga!. Usted sabrá.
-¿Esqueyosoypoetasabeusted?
-¿Y
por qué es usted poeta, si puede saberse?
-¡Por
qué va a ser!. Porque escribo poemas. ¿Es que usted es tonto?
-¡Pues
sí, mire usted!. Porque escribo tonterías.
Me
está usted poniendo de los nervios… si tuviera.
¿Quiere
usted dejarme mirar los bellísimos pechos de la joven que suspira?
-Veo
que es usted también poeta?
-¡Que
te pierdas… Poeta!
-No,
es que digo yo, que para algo debe de servir un poeta. ¿No le
parece?.
-Pues
no.
No
me parece.
Un
poeta no sirve para nada.
Así
que ¡hala!. ¡A tomar viento!
La
jovencita cada vez era más joven y empecé a sentir que aquello
tenía algo de perverso.
-Bah,
me voy de esta cochina gota de niebla. No hay más que colgados,
poetas y viejos racistas.
Salí
de Guatemala y caí en Guatepeor
-¿Pero
se puede saber qué hace usted aquí?
-Es
que los poetas tenemos estas cosas. Una vez que se te pega uno…
¿Sabe
esa de “con diez cañones por banda"? Que digo yo, que con la
pila de bandas que hay, a diez cañones por cada una. Vamos… que
son una pila de cañones.
-Me
voy a cagar en mi jodida muerte…
-No
diga usted esas cosas que llueve.
Y
empezó a llover. A llover mierda diarreica.
Menos
mal que no tengo cuerpo, y por lo tanto ni huelo ni padezco.
Pero
el poeta empezó a llenarse de mierda.
Al
pobre le escurría por las gafas, por el pelo, por los hombros...
Que
me dio pena, vaya. El pobre poeta...
-Venga
va… Ya no me cago en mi muerte.
Y
dejó de llover mierda.
Porque
lo digo yo.
Que
para eso lo estoy escribiendo.
-¿Ves?.
Para eso sirve un poeta.
Para
que dé lástima después de llenarlo de mierda.
¿Ya
estás satisfecho? ¡Pues hala! ¡Que te zurzan!.
-¡Un
ornitorrinco!. ¡Eso es un ornitorrinco!.
Pero…
¿El ornitorrinco no es un animal acuático?.
Bueno…
claro, en cierto modo, este es un mundo acuático. Pero es que…
Esta jodida gota de nube está llena de arena.
¡El
que faltaba, Bin Laden!
-Qué… ¿De turismo?
-No
hay mayor gloria que morir por Alá
-Pues
muérete… ¿no?
-Cuando
Alá me lo mande
-Claro.
Así cualquiera.
O sea, que los demás tienen que morir cuando tu lo
mandes.., Y tú cuando lo mande Alá.
Como
se nota dónde tenéis invertidos los dineros los curas.
-Pues
mira por donde te vas a quedar sin las quince vírgenes que te
tocaban ¡Listo!. -Me reprochaba sin parar de andar-.
A
lo lejos. En el horizonte de aquel árido desierto. Se recortaba la
figura de un camello que venía hacia nosotros.
-¿Qué
traes? -Dijo el poeta-.
-Chocolatito
del bueno. -Dijo el camello-.
-¿Tú
vas a pillar algo?
-No.
Yo ya no fumo. Me he quedado sin pulmones.
-Pues
pásame un talego, dijo el poeta.
-Paso…
Me voy a otra gota. ¡Vaya muerte que me están dando!
-¿Pero
tú también aquí?
El
poeta se encoge de hombros y se va directo a una silla, se sienta y
se pega un culazo de espanto.
-¡Coño!.
¡Si la silla es de papel!
Este
debe de ser el mundo de la televisión. Es todo mentira.
Mire.
Fíjese en esta silla. ¡Es de papel!
-¡Pues
yo por Paquirrín maaato!
-¡Jooodeer!.
¿Pero dónde me he metido yo?
-Por
cada vez que decimos Paquirrín, nos dan 50 céntimos y por decir
Falete 20.
Yo
iba para presentadora pero me he quedado en "presen". ¿Y
tú?
-Pues
yo iba para el cielo y me he quedado en esta nube. Qué me tiene…
Qué me tiene…
¡Vamos
a ver! A mí me importa un carajo la tele, los poetas…
No
me mires así. Bueno… los poetas sí me importan.
Yo
sólo quiero descansar en paz.
-¡Entonces
está usted en el lugar adecuado!
Perdone
que le interrumpa pero no he podido evitar oírle y creo que tengo la
solución a todos sus problemas.
Permita
que me presente: Soy “directivodelente”
-Puff…
venga. Suéltalo. Dame la solución a todos mis problemas.
-Tengo
un creativo excelente, no porque sea mi cuñado. Y ha ideado un
concurso que… Entre usted y yo. Es una “peralta”
-¿Y
qué es una "peralta"?
-¡Una
mierda así de alta! Jajajaja
Y
levantaba la mano a la altura de sus cuernos. El muy mamón.
-Jajajaja.
Deje. Deje. Es que caéis como… No, si es que es verdad.
Bueno
ahora en serio. La idea es malísima.
Usted
lo presenta. Fracasa, y ya está. Desaparece.
-Desaparezco.
-Sí.
Desaparece. Ya nadie vuelve a hablar de usted. Todo el mundo le
olvida. Desaparece vamos...
-¿Y
si triunfa?. ¿Qué hago?.
¿Me
quedo aquí para siempre?
-¡Pero
si es mi cuñado!. Si hasta casarse con mi hermana fue una mala idea…
No
hay de qué preocuparse.
Quiere
juntar en un programa concurso. Cotilleo. Sexo y fútbol.
-¡Buah!.
¡Lo peta!.
¡El
cuñado eres tú!.
Anda
y que te ondulen con la permanén. Salao.
-A
ver esta otra gota. ¡Coño!
-¡Shhhh!
Baja la voz. Estamos en la catedral
-¿Y
qué? ¿Es que vamos a despertar a Dios?. JeJeJe.
-Pudiera
ser. Duerme poco y bastante mal. ¿Sabes?
Una
voz grave y profunda que llegaba del fondo, resonó en todo el
edificio.
-Vengan
ustedes para acá.
Puf
-Dijo el poeta- Ya la liamos. Tira para el sancta sanctorum. Que nos
vamos a enterar
A
mí se me subieron los cojoncillos al gaznate, en sentido doblemente
figurado.
Caminamos
por el pasillo central, como los condenados que van al patíbulo.
Cuando
llegamos a mi me temblaban las piernas y el poeta
tenía
un tic en las cejas. No cesaban de subir y bajar.
-¿De
qué sistema sois? Nos soltó con prepotencia y disgusto.
-Del
sistema capitalista -dije yo acojonadísimo-.
-Este
es tonto. -le comunicó a una especie edecán que tenía por allí
dando vueltas, limpiando y ordenándolo todo-.
-El
poeta intervino- Somos del sistema solar. En el fondo de uno de los
brazos de la vía láctea.
-Sistema
solar… sistema solar… Vamos a ver.
Se
levantó y salió por una pequeña puerta que había a su derecha.
-¿Por
qué le has traído aquí? -Le preguntó el edecán al poeta con
disgusto y con la familiaridad de quién se conoce desde hace mucho
tiempo-.
-Te
juro que no ha sido idea mía. Se coló antes de que me pudiera dar
cuenta.
-Bueno…
-Dijo condescendiente-. Soy Lucifer. -Se presentó en voz baja
estrechando mi mano entre huidizas miradas hacía la puerta por la
que había salido Dios-.
-¿El
demonio? -Pregunté también en voz baja-.
-Mmmmm.
Sí. Así es como me llaman por algunos sitios.
Pero
tampoco te creas todo lo que dicen de mí. Tengo muy mala prensa.
Tampoco
podría ser de otra manera, Él es el propietario de todas las
editoriales.
-No,
si a mí ya me extrañó ver a Dios con ese bigotito facha y esa
calva, vestido de traje y con corbata.
-Chssss.
Calla que vuelve. -Dijo el diablo-.
Dios
volvía con una Tablet pasando sus regordetes dedos sobre la
pantalla.
-A
ver. Sistema solar. Por allí sólo tenemos un planeta lleno de
gilipollas. La Tierra.
-De
ahí venimos señor. -Dijo el poeta-.
-¡Pues
valla mierda que hiciste allí! -Le espetó al demonio-.
-¡Pues
hazlo tú gordo de mierda!. ¡Que todo lo tengo que hacer yo!
Le
escuché decir al demonio sorprendido de no verle mover los labios.
Estaba
oyendo lo que pensaba. ¿Cómo lo hará?
-¿Y
de qué región, si se puede saber?
-Somos
de un país llamado España. Al sur de Europa. En el hemisferio
norte.
-¡Ya
sé donde está España! ¿Es que me tomas por tonto?
-No,
no señor. -Dijo temeroso el poeta-.
-España
no está del todo mal. -Dijo Dios con agrado-.
Tienen
al Real Madrid. Y mi iglesia todavía manda mucho.
Eso
es lo que os va a salvar.
Dejad el dinero que tengáis en la cesta de
las limosnas y salid por piernas.
Como os vuelva a ver por aquí os
empapelo.
Yo
dejé algunas monedas invisibles que llevaba en mi traje mortuorio. Y
el poeta no dejó nada, porque no tenía ni donde caerse muerto.
Nos
acompañó Lucifer hasta la puerta.
-No
sé cómo le aguantas. -Le dije-.
-Y
que vas a hacer. Está el trabajo como para andar tonteando.
-Aquí
ya he estado yo antes. -Dice el poeta-.
-¿Y
qué hay?. Además de esta niebla que no deja ver.
-Una
hormiga.
-¡Jo!
Pues como para encontrarla. ¡Ondiá!
-¡Huy
disculpe! ¿Le he asustado?
-¡Ondiá!.
Y encima habla.
-Claro…
Varios idiomas o ¿Qué pensaba?
-Menos
mal que no tengo culo.
¡Pero
si su cabeza es del tamaño de la mía!
-Sí…
¿Por?. Oiga… Usted es muy raro…
-¡Yo!.
¡Raro yo!. O sea, una hormiga del tamaño de un mulo, sale de pronto
de entre la niebla poniendo su cara justo delante de la mía. A
continuación se pone a hablar. Me dice que sabe idiomas y me llama
raro.
¡Claaaro!
Esto debe ser de lo más normal. El raro soy yo.
-Lo
de ponerme frente a usted ha sido un accidente. No era mi intención.
En la niebla pasan estas cosas. Además ya le he pedido disculpas, no
sé qué más quiere que haga.
-Usted
es un animal. Usted no puede hablar.
-Claro
que puedo. Ustedes los humanos son muy racistas eh…
Los
animales, -como usted dice-, hacemos exactamente las mismas cosas que
ustedes. ¿Y sabe porqué?
-Descúbramelo.
-Porque
ustedes también son animales.
-Ah
sí ¿eh?… ¿pueden pintar?
-Podemos
y lo hacemos. Decoramos nuestros hogares con todo tipo de elementos
artísticos. Aunque quizá usted… no sepa apreciarlo.
-¿Y
leer y escribir?
-Nos
comunicamos. Ustedes que acaban de descubrir Internet pueden empezar
a soñar con un futuro donde puedan comunicarse con la eficiencia de
las ballenas o los árboles de los bosques.
-Pero
nosotros fabricamos. Construimos…
-Y
nosotros. ¿O creéis que vuestras cosechas serían posibles sin los
escarabajos, las abejas y demás?
-El
poeta levantó un dedo y sentenció: Pero no podéis hacer poesía.
La
cabeza de la hormiga se volvió hacia el poeta como si le hubiesen
clavado un alfiler y tras mirarle durante unos espesos segundos que
parecieron años, empezó a recitar:
-Tal
vez a nuestra muerte el alma emigre:
a una hormiga,
a un
árbol,
a un tigre de bengala…
-Ese
poema es de Sábato. -Dijo el poeta-.
-La
hormiga volvió su cara hacia mí para no mirarle, mientras le decía
con desprecio: Viendo para lo que sirve un poeta, me temo que si no
podemos, es porque no queremos.
-Bueno,
bueno. Rebajemos la tensión. ¿Entonces qué propone usted?. ¿Una
liga de animales unidos. Incluyéndonos a nosotros los humanos?
-¿Por
qué no?
-Pues
porque los humanos no nos unimos ni entre nosotros.
-Eso
no es cierto. Ustedes se unen en torno a ideas.
-Claro…
Pero eso también hace que nos atomicemos en grupos desunidos, por
ejemplo: Los creyentes y los ateos. Los de una religión y los de
otra. Los de una nación y sus vecinos.
Eso
crea divisiones irreconciliables y ya con vosotros, -que quieres que
te diga- Cómo unes al lobo y a la oveja o al oso hormiguero… Vamos
a dejarlo.
-¡Muy
fácil!
-¡Coooño!.
Por fin el filósofo definitivo. Escuchemos la voz de la sabiduría.
-Hagamos
una creencia de mínimos.
-¡Eso!
Como quien negocia un mal convenio.
-Algo
así. Propongamos anatemas que todos podamos asumir. Por ejemplo:
“Todos somos hijos del universo”
¿Hay
alguna religión o pensamiento político que niegue esta afirmación?
-Estoy
seguro de que muchos creyentes religiosos matizarían esa definición.
-¡Matizarían!.
Pero no negarían. En conciencia no podrían.
-Mira…
no puedo contigo. Tienes razón. Ha sido un placer… Y me voy que
tengo que llegar a no sé donde… ni cuándo.
-En
esta gota se flota. -dijo el poeta sentado sobre el agua-
Imité
su posición sedente. Aunque yo al carecer de cuerpo flotaba de
todas, todas.
-Se
debe a la alta salinidad de esta gota.
-¿Una
gota salada en una nube?
-Sí.
Una lágrima.
Una
lágrima llorada con mucha tristeza puede subir al cielo.
-¡Venga
ya!. Eso es mentira.
-¡No
es mentira! Es poesía.
-Ah
ya. Que tú eres poeeeta…
Oye,
vale que yo esté muerto y un espíritu pueda salir flotando hasta
las nubes. Pero tú. ¿Cómo es que teniendo cuerpo estás aquí?
-Bueno…
Los poetas estamos siempre en las nubes. El peligro es que llueva, te
puedes caer. ¿Sabes?
-¿Cómo
que me puedo caer?
-Claro…
Y con muchas probabilidades. De hecho, es casi seguro, que si tu
espíritu de camino al cielo se ha quedado enganchado en esta nube,
es debido a que se trata de una nube gruesa y negra de esas que
forman tormentas copiosas.
Si
le da por descargar, se cae casi toda y como no saltes rápido a otra
gota que flote. Te vas abajo.
-¡Bah!,
¿y qué puede pasar? Yo ya he estado en la tierra.
-Pues
que allí las hormigas no entienden de filosofía. Son mucho más
tontas y aburridas.
-¿Eso
también es poesía?
-No,
eso es verdad.
-¿Sabes
que empiezo a notar un extraño cosquilleo en este brazo?
-Eso
es que no estás muerto. Te has quedado dormido encima de tu brazo.
Cuando
desperté, el poeta aún estaba allí.
En
el espejo.
Delfín
Carrera 2012